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 “LA TORMENTA ROGER HODGSON”

 

 

Por JAUME GARCIA

Publicado en TARRAGONA 21

13 de Julio de 2011

 

 

No tenía que haber acabado nunca. Uno de los grandes compositores de la historia de la música, Roger Hodgson, la voz aguda de la banda británica Supertramp, llenó de brillantez y de nostalgia el Camp de Mart la noche de martes en un concierto que abría su gira por España y que será recordado durante años, una apuesta espectacular del Festival ETC.

 

Un concierto de repercusión internacional que llevó a las gradas del auditorio al estilo de teatro griego de Epidauro un público venido de todo el estado y de diferentes países europeos, como atestiguó un grupo de alemanes que se hizo sentir. Público de edad madura (cuarentones y cincuentones), pero también padres con sus hijos y jóvenes de veintitantos. Para muchos tarraconenses era la gran ocasión de escuchar en directo la banda sonora de su juventud.

 

En una noche estival que a su inicio amenazaba tormenta (la cual acabó estallando con toda su virulencia a mitad del concierto), Hodgson dispuso un escenario sobrio, pero con los toques románticos tan característicos de Supertramp y que se resumían en la disposición de los teclados apoyándose en alfombras de estilo clásico. El piano dominaba la escena, como sucede siempre en los conciertos de Hodgson.

 

Después de unos años de hacer giras acompañado de muy pocos músicos (a menudo, con uno solo), finalmente Hodgson decidió hacerlo en compañía de toda una banda: Aaron Mac Donald, Bryan Head, Ian Stewart y Kevin Adamson, casi todos canadienses. De este modo, Hodgson & Band sonó definitivamente como Supertramp.

 

Puntual arrancó la cita con “Take the long way home” (del álbum “Breakfast in America”). Ya se vio desde el inicio que el público estaba absolutamente entregado al británico. Siguió con otra pieza para nostálgicos de toda la vida (“School”, del álbum “Crime of the century”) y después fue añadiendo algunas canciones de su época en solitario, posterior a Supertramp.

 

Pero Hodgson sabe que los éxitos de Supertamp son inmortales y son los que pide la gente. Después de la brillante “Sister Moonshine” llegó uno de los momentos clave con “Breakfast in America”.

 

El público siguió el concierto en una actitud in crescendo: más tranquilo al inicio, entrando en calor a medida que transcurría el concierto (Hodgson encadenó todas las canciones sin tomarse un descanso) y estallando en un tramo final verdaderamente apoteósico, de aquellos que todos hemos visto en vídeos musicales y que nos gustaría vivir al menos una vez en la vida. Las últimas cinco canciones el público ya no aguantó más en su asiento y las recibió de pie, saltando, bailando y siguiendo el ritmo. Sonaba exactamente igual que Supertramp hace 30 años.

 

Hodgson, muy cómodo y reconfortado por la reacción del público, situó el concierto en un espacio sideral cuando interpretó “The logical song”. Seguidamente dedicó un homenaje a Los Beatles y especialmente a Lennon, con la melódica “Across the universe”, fruto de un reciente viaje que hizo a Liverpool.

 

Entonces aprovechó para presentar una pieza nueva de su cosecha, “The awakening”, para pasar después a una obra maestra total y absoluta, que recomiendo encarecidamente: “Don’t leave me now”. Una portentosa canción con un cambio de ritmo inicial marcado por el piano marca de la casa que dio paso a la popularísima “Dreamer”, cerrando con una gran composición, “Fool’s oveture”, más propia de una orquesta filarmónica.

 

Estaba cantado lo que pasaría: el público, que en cada inicio de canción saltaba de su asiento en un arrebato de sana histeria (igual que si Messi acabara de marcarle un gol al Madrid o Ronaldo le hiciera la pascua al Barça), no permitió de ninguna de las maneras que Hodgson se fuera hacia el hotel y, después de una aclamadora espera, la banda volvió al escenario para tocar tres piezas más.

 

Para entonces, la tormenta de rayos y truenos que caía sobre Tarragona ya era tan espectacular como el propio concierto, de forma que se pudo vivir una anécdota llena de simbolismo: en un comienzo de piano, justo en el momento en que Hodgson empezaba a tocar, el Camp de Mart se iluminó con un rayo.

“Two of us” fue el primer bis del británico, preparativo de la apoteosis final. “Give a little bit”, una de las piezas más conocidas de la historia de la música, hizo que el público directamente se acercara al escenario a bailar y a filmar (YouTube hará furor estos días con este concierto).

 

Y, como no podía ser de otra manera, cerró con “It’s raining again” mientras la portentosa carpa del Camp de Mart aguantaba el aguacero y por sus laterales se precipitaba fuera del recinto el agua a cántaros.

 



Tarragona21


"STORM ROGER HODGSON"

 

By Jaume Garcia

Posted on TARRAGONA21

July 13, 2011
Translation: Abel Fuentes

It should never have ended. One of the greatest composers of music history, Roger Hodgson, the high-pitched voice of British band Supertramp, filled with brilliance and nostalgia the Camp de Mart last Tuesday during a show which opened his Spanish tour and will be remembered for many years, a great bet for the ETC Festival.

 

A show with an international impact which leaded to this Epidauro Greek theatre styled auditorium people from every place in Spain and different European countries, as proved a German group that didn’t go unnoticed. People of mature years (in their forties and fifties), but also parents with their children and young ones around twenty or thirty years old. For many people in Tarragona, it was a great chance to listen the soundtrack of their youth.

 

In a summer night that started with clouds look threatening (and the storm exploded with virulence at the half of the show), Hodgson set up a sober stage, but including the romantic touch that was typical of Supertramp, with all the keyboards lying on classic carpets. The grand piano dominated the scene, as it is usual during the Hodgson shows.

 

After several years touring with very few musicians (often only one), at last Hodgson has decided going on the road accompanied by a whole band: Aaron Mac Donald, Bryan Head, Ian Stewart and Kevin Adamson, most of them Canadians. So, Hodgson & Band sounded exactly like Supertramp.

 

The show started on time with “Take the long way home” (from the album “Breakfast in America”). Since the beginning it was evident that the audience was devoted to the British. The concert went on with other classic for nostalgic fans (“School”, from the album “Crime of the century”) and then he played some pieces from his solo career after Supertramp.

 

But Hodgson knows that the Supertramps hits are inmortal and people want to hear them. So after the brilliant “Sister Moonshine” it came one of the highlights with “Breakfast in America”.

 

The audience was rising in a crescendo: quiet at the beginning, getting warm as the show developed (Hodgson played all the songs in a row, with no intermission) and exploding during the last and enormous part. The end of the show was one of those everyone has seen on TV and everyone wants to see live al least one time in the life. During the last five songs, the people stood up and jumped, danced and clapped along. It sounded as if it was Supertramp 30 years ago.

 

Hodgson, relaxed and comfortable for people’s feedback, brought the show to the sidereal space when he played “The logical song”. Afterwards he payed a tribute to The Beatles and especially to Lennon with the melodic “Across the universe”, as he did during his recent show in Liverpool.

 

Then he introduced a new piece from his repertoire, “The awakening”, and played a master piece called “Don’t leave me now”, a prodigious song which starts with a rhythm change on the trademark piano. Later he played the famous “Dreamer” and closed the show with the great “Fool’s oveture”, a sort of composition for a philharmonic orchestra.

 

It was obvious what was going to happen: the audience, who jumped from their seats when every song was started in a hysterical but nice way (like if Messi scored a goal to Real Madrid or Ronaldo scored a goal to Barcelona), didn’t allow Hodgson leaving the venue and, after an acclaimed wait, the band returned on stage to play three more songs.

 

At that moment, the lightning and thunder storm over Tarragona was as spectacular as the show itself, and it caused an anecdote plenty of symbolism: during an intro of piano, when Hodgson started to play, the Camp de Mart was lit by a lightning.

 

“Two of us” was the first encore by the British musician, just a preparation for the final apotheosis. “Give a little bit”, one of the best known pieces in music history, got all the people approaching to the stage to dance and film (YouTube will be all the rage these days with this show).

 

And, as it should be, the last song of the show was “It’s raining again”, while the wonderful marquee of the Camp de Mart supported the downpour, throwing away tons of water.


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